sábado, 7 de julio de 2007

SEGUNDO BLOG

¡Ampliamos el negocio! Hemos abierto otra sucursal en http://hedges.blogspot.es . Los interesados en leer otros textos -o los mismos, según me apetezca-, pueden dirigirse a esta dirección sin ningún compromiso. Yo, al menos, no lo tengo.

viernes, 6 de julio de 2007

¡QUÉ TRISTE ES LA SOLEDAD!

En el reciente debate sobre el estado de la nación -en el que, curiosamente, no partícipó ningún médico, que sepamos-, los adalides populares sorprendieron a todos los presentes y ausentes -es de suponer- con una demoledora exigencia: queremos las actas de las reuniones que el gobierno -encabezado por el pérfido Zapatero, lo peor que le ha ocurrido a España, haga lo que haga ETA en el futuro, según palabras del preclaro Eduardito Zaplana- mantuvo con la banda terrorista. Afirman sin rubor que, según informaciones recibidas , dichos documentos están en manos de unos intermediarios internacionales, que, por supuesto, no nombran ni señalan nacionalidad, religión u oficio. Entonces, ¿para qué los citan?, ¿por qué no las exigieron antes?, ¿por qué sólo ellos han recibido dichas informaciones?, ¿quién les informó?, ¿consideran razonable que, tanto los terroristas como el gobierno de turno, aceptasen la presencia de un notario -¿Blas Piñar?- en sus supuestas reuniones, para que diese fe de lo que se tratase, sabiendo que esas actas, o como se quieran llanar, podían perjudicarles? ¿Tal vez lo hizo el gobierno de Aznar en sus -también supuestas- reuniones con la banda? ¿Fueron tan memos?
Hoy mismo, leía unas declaraciones de Mari Mar Blanco, hermana del edil popular de Ermúa cruelmente asesinado por ETA, en las que se preguntaba: "Si no se han reunido con la banda, ¿por qué no quieren entregar las actas?". Quisiera entender que el dolor por la muerte de su hermano aún obnubila su pensamiento, pues resulta evidente que no pueden existir documentos que confirmen reuniones que 'no se han producido', tal y como ella misma afirma. Mas, ¿por qué esa obsesión con presentar al presidente como el Anticristo o, quien sabe, si la mismísima serpiente del Edén? ¿Todos estos chicos populares están libres de culpa? ¿Será necesario recordar todos los atropellos, chulerías, irresponsabilidades, desprecios y sectarismos que jalonaron y definieron sus ochos años de gobierno? Sus numerosas víctimas no olvidan el trato recibido.
Por otro lado, los medievales obispos españoles insisten en las maldades de la Educación para la Ciudadanía; pues, como buenos pastores, no quieren personas más o menos independientes, sino borregos sumisos, como toda la vida. El titular de Jaca afirmó -tras llamada teléfonica a larga distancia, es decir, a Dios- que la citada asignatura perseguía formar "ciudadanos domesticados". Debió confundirse tan santo varón, pues eso mismo es lo que ha hecho la Santa Madre desde que existe. ¿Temerán que se les acabe el chollo? Por primera vez en la historia, ¿los curas tendrán que trabajar para ganarse el pan en vez de malmeter e incumplir sistemáticamente todos y cada uno de los preceptos de su religión?
¡Qué triste es la soledad de los elegidos! ¡Qué difícil ser un verdadero hombre! ¡Qué soez recurrir a la mentira y el chantaje para preservar el privilegio y las prebendas!
Si acabasen en el paro, ¿sería posible colocar a tanto monseñor y tanto mentiroso patológico popular como colaboradores de Tony Blair en su prestigiosa tarea como mediador para Oriente Próximo? ¿No sería divertido presenciar las disputas entre judíos ultraortodoxos y católicos ultramontanos como Rouco, su báculo y cía?
¡Ah, un espectáculo enternecedor!

martes, 3 de julio de 2007

GENTE SESUDA

Suelen ocupar cargos intermedios -gerente, director general, etc- y tomar decisiones que afectan a numerosos congéneres -espero que no se molesten por la comparación- en base a razones estadísticas, costumbristas -se ha hecho toda la vida- y económicas -estamos en temporada baja-, aunque la cotidianidad les indique todo lo contrario. A este grupo pertenecen aquellas personas que cierran camas en los hospitales o reducen la frecuencia y número de trenes y autobuses públicos durante el verano, porque, según dicen, hay mucha gente de vacaciones y, por ende, disminuye la demanda -las quejas e improperios, por contra, aumentan-; sin importarles -las estadísticas indican lo contrario y todo el mundo sabe, o debería saber. que son sacrosantas, como las tradiciones- las quejas de los que se quedan y sufren sus sesudas decisiones y la terca realidad se empecine en recordarles que las cifras indican, pero no obligan, y que, cada años más, menos personas salen de vacaciones y muchas menos disfrutan el mítico mes completo, como cuando éramos todos más pequeños y pasábamos agosto en la playa con nuestros papás.
No deja de ser curioso que los ejemplos citados se refieran a servicios públicos, costeados con el dinero de todos los ciudadanos, cuya existencia radica en atender una necesidad general y no lograr beneficios o réditos económicos. ¿Acaso parece razonable que el gerente de un gran hospital decida, por tradición, cerrar camas, es decir, inhabitarlas para los pacientes, mientras estos se hacinan en las urgencias horas y horas? Para la gente sesuda, sí.
Parece ser, por tanto, que otras características de estos individuos son preocuparse por el bien general y por el correcto funciomiento del servicio público que administran en nombre de todos. Por si fuera poco, no admiten críticas, derivan protestas y afirman que sólo rinden cuentas ante sus superiores o persona que lo nombró para el cargo; familiar cercano, en algunos casos.
¡Qué nadie piense que son personas soberbias o altaneras! ¡En absoluto! Son estómagos agradecidos, pelotas profesionales, trepas desconsiderados dispuestos a todo para lograr la posición que consideran merecer. En ningún momento, piensan o pensaron que deben asumir responsabilidades por su gestión o decisiones -siempre habrá algún subalterno que pringue por él-, porque les avalan las estadísticas, sus creencias religiosas y la bendita tradición y, por tanto, están exentos de dirigir con lógica y eficacia el servicio que les han delegado. Como todos sabemos, el ciudadano está para trabajar, pagar y callar.
Y, como estamos rodeados de gente sesuda, debemos estar encantados con sus decisiones, o, ¿es que, por el mero hecho de sufrir demoras en los transportes públicos o en las urgencias de un hospital, vamos a saber más que las estadísticas?