No es nada nuevo afirmar que "el mundo está loco", aunque queremos decir, en realidad, que muchos de nuestros congéneres están locos de atar; sea cual sea su condición, profesión o nivel académico. Enfermo mental me parece ese hombre que maltrata y elimina a su mujer por ser demasiado guapa, o aquel abogado o juez que plantean sus defensas o sus sentencias según su ideología y no sobre las pruebas presentadas, o aquel revolucionario que lucha por libertar a su país de un gobierno opresor para convertirse él mismo en tirano en nombre de una libertad que nunca ha creído, o ese deportista que, tras conseguir una buena jugada -un gol, una canasta, un récord... -se besa el escudo del equipo y, a la temporada siguiente, se marcha a otro con un contrato mejor remunerado, o aquellos dirigentes políticos que se ofenden por calificar sus actitudes con merecidos adjetivos carcas y deciden negarse a hablar con quien las pronunció, o aquel escritor que plagia a otro, menos conocido o importante, y alega en su defensa que "el arte es impersonal", aunque no estaría dispuesto a aceptar la viceversa, o aquel artista plástico o escultor que presenta el cadáver de una vaca partida por la mitad y exige aplausos y reconocimiento borreguil, o aquellos periodistas que mienten conscientemente para influir, engañar y condicionar a sus oyentes/lectores, porque consideran que su ideología es la ideal y sus seguidores son unos cretinos sin cerebro, como ellos, o aquel amigo de la familia que aprovecha la confianza para violar a la niña de ocho años, o aquel ciudadano que secuestra a sus compatriotas para prostituirlas o esclavizarlos en tareas agrarias, o aquel otro individuo que viaja a otros países donde es legal acostarse con menores, le llamamos "turista sexual" y le disculpamos, alegando que "crea riqueza para el país", o aquellos representantes religiosos que abominan de una asignatura que pretende crear ciudadanos libres y conscientes de sus derechos y deberes en vez de sus directrices, tendentes a perpetuar el miedo y la ignorancia, y, por tanto, su situación privilegiada en la sociedad, o aquellos empresarios, banqueros y políticos que prefieren mantener viviendas vacías antes que abaratar los precios y los préstamos para no perder sus beneficios y sus prebendas, o... todos aquellos que basan sus actos en perjudicar, confundir o anular a los demás.
Al fin y al cabo, no se trata tanto de ser derecho o izquierdo, sino simplemente humano. Y en esa condición, no tienen cabida los diversos odios que acumulan y enseñan los poderosos y los ignorantes.
lunes, 26 de marzo de 2007
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