sábado, 23 de diciembre de 2006
Entretanto, mantenemos otra gran tradición navideña: el abusivo aumento de los precios. Por lo visto no puede evitarse, no vaya a enojarse el niño que nacerá en Belén; al que, por cierto, poco debe importarle su tierra natal, visto el belén que lleva tolerando desde hace demasiados años. ¿A ver si todo es un montaje para que nos pongamos ciegos y beodos con la excusa de...? ¿A ver si vamos a ser unos paganos degenerados que se emborrachan por cualquier excusa, sin ninguna excusa, hartos del belén cotidiano en que sobrevivimos? ¿A ver si todas las religiones y sus representantes no son más que una panda de parásitos que nos chupa la sangre y dirige nuestras vidas? ¿A ver si no somos tan adultos como creemos? ¿adultos simplemente? Me gustaría saber que relación existe entre los petardos y las tracas con el nacimiento de un dios. Siendo serios, deberíamos festejar al buey -como los egipcios-, en vez de devorarlo en nuestras mesas. Pero, ¡Navidad, Navidad, dulce Navidad! A desbarrar y ponerse pedo, porque toca; aunque no sepamos porqué toca o nos dé igual.
¿A ver si...?
martes, 19 de diciembre de 2006
Este espacio virtual sólo pretende mostrar las variadas manifestaciones de la inteligencia humana; pero, sobre todo, de su ausencia. Pues..., más a menudo de lo deseable, parece que la estupidez es el motor de los actos humanos. También ocurre que los biempensantes y los individuos que se autoconsideran jueces y ejemplos de la sociedad nos demuestran su ignorancia al condenar actos inteligentes, como el jocoso librito de don Francisco de Quevedo, madrileño ilustre por lúcido y criticón -cualidades que suelen ir bastante juntas-, "Gracias y desgracias del ojo del culo", aromático volumen que recomiendo a todas las personas bien nacidas.
Para demostrar su sabiduría, el gran don Francisco afirma, entre otras maravillas, que: "Los nombres del pedo son varios: cuál le llama 'soltó un preso', haciendo al culo alcaide; otros dicen: 'fuésele una pluma', como si el culo estuviera pelando perdices; otros dicen: 'tómate ese tostón', como si el culo fuera garbanzal. Otros dicen algo crítico: 'cuesco', derivado de la enigma; y otros han dicho: 'Entre peña y peña el alba, río que suena'. De aquí se levantó aquel refrán que dice: 'Entre dos peñas feroces, un fraile daba voces'. Y, finalmente, dijo otro: 'El señor don Argamasilla, cuando sale chilla'.
Un ruego final: No os reprimáis y tiraos un buen pedo. El cuerpo os lo agradecerá.
domingo, 17 de diciembre de 2006

Tiene aspecto severo el sabio Omar ibn Ibrahim Khayyam o Khajjam o Hayyam o..., depende la grafía empleada. En cualquier caso, este matemático, astrólogo, poeta, enamorado desencantado, bebedor en busca del olvido -el conocimiento no trae siempre la felicidad-, compañero de estudios del "Viejo de la Montaña", Hassan ibn Saba, primer mulá o líder espiritual musulmán capaz de arrastrar a sus seguidores al suicidio en nombre de Alá, el más grande, mediante el uso del hachís -de donde deriva, según algunos, la palabra asesino-, reformador del calendario musulmán por orden de su protector y amigo, Nizan-Ol-Molk, visir del sultan seleúcida o seljucida Alp Arslan, ha traspasado el tiempo -vivió entre el 1040 y 1135, en la antigua Persia, hoy Iraq o... ¿Usa?- gracias a los surrealistas franceses y ha llegado hasta nosotros como exquísito poeta en sus concisas y lúcidas rubaiyyat, lacónicas cuartetas que prohíben la retórica. Entonces, ¿por qué resulta tan atractiva su poesía? Simple: la desnudez exige honestidad, pues carece de aditivos. Simple: la sencillez implica precisión y sabiduría, dos dificultades añadidas.
El querido Khayyam, hijo de un fabricante de tiendas (de donde sacó su apelativo) escribió:
"El vasto mundo: un grano de polvo en el espacio.
Toda la ciencia de los hombres: palabras.
Los pueblos, las bestias y las flores de los siete climas: sombras
El resultado de tu meditación perpetua: nada"
También dijo que: "Procura que tu prójimo no tenga que sufrir de tu sabiduría / Domínate siempre, no te abandones a la cólera / Si quieres encaminarte a la paz definitiva, sonríe / al Destino que te hiere y no hieras nunca".
"Antaño esta jarra era un pobre amante / que gemía por la indiferencia de una mujer / El asa, en lo alto de la jarra, / ¡es el brazo que rodeaba el cuello de la bienamada".
o "En este mundo, conténtate con pocos amigos / No trates de que perdure la simpatía que puedas sentir por alguien / Antes de tomar la mano de un hombre / pregúntale si ella no te golpeara algún día".
o "Que tu pensamiento no vaya más allá del momento / Es el secreto de la paz".
o "¿En qué piensas, amigo mío? ¿En tus antepasados? / Hoy son polvo en el polvo / ¿Piensas en sus méritos? / Mírame sonreír. Toma esta urna y bebamos escuchando / sin inquietud el gran silencio del universo".
¿Por qué la sabiduría, o lo que designamos por tal, nos lleva a la melancolía y/ o el pesimismo? En todo caso, ¡mirémonos menos el ombligo!