En el reciente debate sobre el estado de la nación -en el que, curiosamente, no partícipó ningún médico, que sepamos-, los adalides populares sorprendieron a todos los presentes y ausentes -es de suponer- con una demoledora exigencia: queremos las actas de las reuniones que el gobierno -encabezado por el pérfido Zapatero, lo peor que le ha ocurrido a España, haga lo que haga ETA en el futuro, según palabras del preclaro Eduardito Zaplana- mantuvo con la banda terrorista. Afirman sin rubor que, según informaciones recibidas , dichos documentos están en manos de unos intermediarios internacionales, que, por supuesto, no nombran ni señalan nacionalidad, religión u oficio. Entonces, ¿para qué los citan?, ¿por qué no las exigieron antes?, ¿por qué sólo ellos han recibido dichas informaciones?, ¿quién les informó?, ¿consideran razonable que, tanto los terroristas como el gobierno de turno, aceptasen la presencia de un notario -¿Blas Piñar?- en sus supuestas reuniones, para que diese fe de lo que se tratase, sabiendo que esas actas, o como se quieran llanar, podían perjudicarles? ¿Tal vez lo hizo el gobierno de Aznar en sus -también supuestas- reuniones con la banda? ¿Fueron tan memos?
Hoy mismo, leía unas declaraciones de Mari Mar Blanco, hermana del edil popular de Ermúa cruelmente asesinado por ETA, en las que se preguntaba: "Si no se han reunido con la banda, ¿por qué no quieren entregar las actas?". Quisiera entender que el dolor por la muerte de su hermano aún obnubila su pensamiento, pues resulta evidente que no pueden existir documentos que confirmen reuniones que 'no se han producido', tal y como ella misma afirma. Mas, ¿por qué esa obsesión con presentar al presidente como el Anticristo o, quien sabe, si la mismísima serpiente del Edén? ¿Todos estos chicos populares están libres de culpa? ¿Será necesario recordar todos los atropellos, chulerías, irresponsabilidades, desprecios y sectarismos que jalonaron y definieron sus ochos años de gobierno? Sus numerosas víctimas no olvidan el trato recibido.
Por otro lado, los medievales obispos españoles insisten en las maldades de la Educación para la Ciudadanía; pues, como buenos pastores, no quieren personas más o menos independientes, sino borregos sumisos, como toda la vida. El titular de Jaca afirmó -tras llamada teléfonica a larga distancia, es decir, a Dios- que la citada asignatura perseguía formar "ciudadanos domesticados". Debió confundirse tan santo varón, pues eso mismo es lo que ha hecho la Santa Madre desde que existe. ¿Temerán que se les acabe el chollo? Por primera vez en la historia, ¿los curas tendrán que trabajar para ganarse el pan en vez de malmeter e incumplir sistemáticamente todos y cada uno de los preceptos de su religión?
¡Qué triste es la soledad de los elegidos! ¡Qué difícil ser un verdadero hombre! ¡Qué soez recurrir a la mentira y el chantaje para preservar el privilegio y las prebendas!
Si acabasen en el paro, ¿sería posible colocar a tanto monseñor y tanto mentiroso patológico popular como colaboradores de Tony Blair en su prestigiosa tarea como mediador para Oriente Próximo? ¿No sería divertido presenciar las disputas entre judíos ultraortodoxos y católicos ultramontanos como Rouco, su báculo y cía?
¡Ah, un espectáculo enternecedor!
viernes, 6 de julio de 2007
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