domingo, 4 de marzo de 2007

El 80% de los usamericanos -unos cuantos millones- cree que irá al cielo tras su fallecimiento, pero también piensa que allí -en el edén- no encontrará a nadie conocido, según afirmaba Manuel Vicent en el diario "EL PAIS" del 13 de agosto pasado.
Se me ocurren algunas preguntas: ¿cómo puede ser que no encuentren a nadie conocido, siendo tantos millones? ¿están afirmando que sus familiares más cercanos, sus amigos de siempre, sus vecinos de toda la vida, sus compañeros de trabajo, no irán al cielo, o lo que es peor, que no los conocen? ¿están insinuando que conviven y mantienen relaciones físicas e íntimas con algunos/as y siguen considerándolos desconocidos? Algo falla: o el concepto "conocido" está equivocado entre ellos o el 80% de los usamericanos ha perdido el juicio, si es que lo tuvo.
Algo similar debe suceder con todos esos patriotas, hábilmente manejados por los demócratas populares, que consideran "el anticristo" al actual presidente del gobierno. ¿Alguien ha pensado la curiosa coincidencia que se produce entre una relición que propugna la caridad y el amor al prójimo y practica la intolerancia, la soberbia y la persecución acéfala? Por cierto, ¿el prójimo, sea quien sea, debe pertenecer a su secta para poder ser respetado y admitido? ¿Es la religión del amor o del odio?
Sin embargo, parece que todo es mucho más simple: tanto los usamericanos como los populares, cristianos por definición, exigen la irracionalidad, cierta locura, para ser reconocidos por ellos. Es decir, exigen la ihumanidad.

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