domingo, 14 de enero de 2007

MANIFESTACION CONTRA ETA, MADRID 13-1-2007

Como era de esperar, los chicos populares -incluidos el alcalde y la presidenta de nuestra comunidad, con evidentes obligaciones representativas- no participaron en la concentración. Tampoco alguna asociación de víctimas y la Santa Madre, siempre tan próxima a sus feligreses más pobres y humildes. Desde un principio, quedó claro que no concurrirían por más cesiones que hiciesen los organizadores. Desde un principio, está claro que el PP no es un partido democrático ni en su idelogía ni en sus modos. No respeta las decisiones ajenas y antepone sus creencias a lo lógica del momento y la situación. El señor Alcaraz, ex-miembro de secta religiosa y especie de Rupert de segunda fila, comentó que su organización -¿dónde estaba, cuando gobernaban los populares?- no podía presentarse a la concentración, porque había detectado maniobras extrañas. ¿Por qué no las denunció? ¿Por què eran extrañas? Y si lo eran para él, ¿también debían serlo para los demás? Simple totalitarismo, simple soberbia, simple odio. ¿Deben ser secundados un individuo, una organización, un partido político, que están convencidos de poseer la verdad y la clarividencia en exclusiva? ¿Debemos dejarnos todos media melena, como su líder en la sombra, para seguir el único camino respetable y popular? En ese caso, las clínicas estéticas -como las que posee el señor Alcaraz- se van a forrar. ¿Se tratará sólo de eso?
Por otro lado, la ¿izquierda? abertzale -que significa "patriota", de lo que presumen los populares- tampoco acude a la manifestación de Bilbao, porque le supondría condenar la violencia que siempre ha considerado arma política. Aunque no debemos comparar los motivos de ambos partidos ausentes en las manifestaciones, resulta curioso que, representando ideologías tan encontradas en origen, hayan terminado compartiendo una misma decisión y algunos calificativos: radicales, totalitarios y, por tanto, demagogos, antidemocráticos. ¿Cómo entender, pues, que el principal partido de la oposición en un país democrático, utilice prácticas que no lo son? Mejor dicho, ¿cómo se permite? ¿Por qué representa a nueve millones de habitantes? La cantidad no supone la razón, la fachada no implica el contenido. Si queremos que este sistema político -por desgracia, hay que tener alguno- progrese y mejore, habría que exigirles más compromiso y respeto por las condiciones que ha elegido la mayoría; salvo que sólo les interese el poder. Por ejemplo, ¿dónde dice que la educación religiosa -que promueve y subvenciona la Comunidad con dinero público, incluido el de los ateos y anticlericales de la región- debe ser aceptada por la ciudadanía, sólo porque la presidenta popular lo considere oportuno? Las autoridades democráticas no están para imponer nada, sino para facilitar las condiciones de vida a los ciudadanos: viviendas dignas y asequibles, transportes cómodos y rápidos, igualdad de oportunidades para todos, fomento de los servicios públicos... Pero ¿qué podemos esperar de un partido político que vive de la propaganda y la apariencia? Humo y vacío, ignorancia y mediocridad, tal y como demostraron sus dirigentes con su ausencia en las manifestaciones del pasado día trece.