domingo, 21 de enero de 2007

Según cita el periodista Manu Leguineche en su libro "El club de los faltos de cariño", el poeta Rafael Alberti ya escribió en 1982, tras visitar Nueva York y contemplar las extintas tierras gemelas, que: "Algún día caerán abatidas por su misma vanidad". ¿Profecía, soberbia, simple boutade?
En 1947, el monje trapense y poeta Thomas Merton escribió el poema 'Las ruinas de Nueva York', en el que también reseña el mismo tema, según indica el citado periodista al incluir el siguiente párrafo: "Cómo se han destruido / cómo se han derrumbado / las grandes, imponentes torres de hielo y acero. / Fundidas por el terror / luces y fuegos han desmembrado / las torres de plata y acero, / alcanzadas por el cielo vengador. / Las cenizas de las torres destruidas se mezclan aún con tus volutas de humo / velando tus exequías en su bruma / y escriben su epitafio: 'Esta era una ciudad / que se vestía de billetes de banco".
¿Otra profecía, más soberbia, una nueva boutade?... Ahora recuerdo aquellas palabras de Rimbaud, según el cual "el verdado signo del poeta auténtico es su don de profecía, de ver el más allá, de advertir a sus congéneres, siempre ciegos y sordos, sobre el futuro". Por contra, nos quedamos con la musicalidad de las palabras y desoímos su sentido profundo, su mensaje más acuciante. Bailamos la música, pero no escuchamos la letra. Por eso, siempre hemos vivido en la ceguera y la arrogancia.

No hay comentarios: