domingo, 17 de diciembre de 2006



Tiene aspecto severo el sabio Omar ibn Ibrahim Khayyam o Khajjam o Hayyam o..., depende la grafía empleada. En cualquier caso, este matemático, astrólogo, poeta, enamorado desencantado, bebedor en busca del olvido -el conocimiento no trae siempre la felicidad-, compañero de estudios del "Viejo de la Montaña", Hassan ibn Saba, primer mulá o líder espiritual musulmán capaz de arrastrar a sus seguidores al suicidio en nombre de Alá, el más grande, mediante el uso del hachís -de donde deriva, según algunos, la palabra asesino-, reformador del calendario musulmán por orden de su protector y amigo, Nizan-Ol-Molk, visir del sultan seleúcida o seljucida Alp Arslan, ha traspasado el tiempo -vivió entre el 1040 y 1135, en la antigua Persia, hoy Iraq o... ¿Usa?- gracias a los surrealistas franceses y ha llegado hasta nosotros como exquísito poeta en sus concisas y lúcidas rubaiyyat, lacónicas cuartetas que prohíben la retórica. Entonces, ¿por qué resulta tan atractiva su poesía? Simple: la desnudez exige honestidad, pues carece de aditivos. Simple: la sencillez implica precisión y sabiduría, dos dificultades añadidas.

El querido Khayyam, hijo de un fabricante de tiendas (de donde sacó su apelativo) escribió:

"El vasto mundo: un grano de polvo en el espacio.

Toda la ciencia de los hombres: palabras.

Los pueblos, las bestias y las flores de los siete climas: sombras

El resultado de tu meditación perpetua: nada"

También dijo que: "Procura que tu prójimo no tenga que sufrir de tu sabiduría / Domínate siempre, no te abandones a la cólera / Si quieres encaminarte a la paz definitiva, sonríe / al Destino que te hiere y no hieras nunca".

"Antaño esta jarra era un pobre amante / que gemía por la indiferencia de una mujer / El asa, en lo alto de la jarra, / ¡es el brazo que rodeaba el cuello de la bienamada".

o "En este mundo, conténtate con pocos amigos / No trates de que perdure la simpatía que puedas sentir por alguien / Antes de tomar la mano de un hombre / pregúntale si ella no te golpeara algún día".

o "Que tu pensamiento no vaya más allá del momento / Es el secreto de la paz".

o "¿En qué piensas, amigo mío? ¿En tus antepasados? / Hoy son polvo en el polvo / ¿Piensas en sus méritos? / Mírame sonreír. Toma esta urna y bebamos escuchando / sin inquietud el gran silencio del universo".

¿Por qué la sabiduría, o lo que designamos por tal, nos lleva a la melancolía y/ o el pesimismo? En todo caso, ¡mirémonos menos el ombligo!

2 comentarios:

Juan negrín dijo...

Me encanataría que nos dieras permiso para publicar en nuestro BOLETÍN CULTURAL Este comentario tan aleccionador sobre el mundo árabe y nuestra falta de comprensión hacia éste.
Un cordial saludo y esperamos que continues por muchos años esta estupenda iniciativa.

MANUEL JOSE dijo...

La poesía es un hermoso género literario. Me parece enfermizo basar una vida en una religión o una fe. Buscar siempre la belleza y la buena sintonía con el entorno.