Esta mañana, durante el edificante viaje en metro camino del trabajo, leí en un periódico gratuito, la siguiente noticia: "Un niño de 15 años realiza una cesárea asesorado por su padres, médicos, para convertirse en la persona más joven del mundo en lograrlo y entrar en el Libro Guinnes de los Récords". De la paciente, ni se habla ni se nombra. ¡Es innecesaria! También las posibles consecuencias de la temeridad de los padres facultativos, por muy espabilado que sea su criatura. De hecho, papá se enfrenta a la retirada de la licencia, una multa y, quizá, algún periodo de cárcel. Los progenitores han protestado enérgicamente, alegando que se tomaron todas las precauciones, que su descendiente es una eminencia y que la constitución del país recoge la libertad de expresión. ¿De la paciente también? ¿Sabía que la intervendría el adolescente? ¿La sedaron y los padres, sin decirle nada, permitieron actuar a su criatura? En ese caso, ¿respetaron los derechos de la enferma o debía colaborar, por fas o por nefas, en el triunfo de su niñito del alma?
Poco después, otra noticia me despertaba definitivamente. El gobierno del país anterior ha prohibido a sus universitarios, nada rebeldes y buenos patriotas, relacionarse con estudiantes extranjeros, permanecer a solas con ellos en el campus (¿para evitar cruces indeseados?), intercambiar información entre ellos y, por supuesto, colaborar en sus tesis o trabajos académicos. La razón es la misma mentira de siempre: la seguridad, la lucha contra el terrorismo. Las autoridades nada dicen de los abusos e incertidumbres que ellas mismas perpetran en nombre de dicha seguridad y que incluye el espionaje a sus ciudadanos sin el conocimiento de los mismos en un país que luce la libertad y la democracia por bandera. Pero, ¿cómo consiguen los estudiantes extranjeros las becas y los permisos para estudiar y residir en este país? ¿No pasan exhaustivos controles antes de conseguirlo? Entonces, ¿por qué aconsejar a sus propios universitarios que no se relacionen con los extranjeros? Si sospechan de alguno, ¿no tienen suficientes y diversas agencias gubernamentales, amén de policías de todo tipo, para encargarse de los sospechosos y de los elementos 'potencialmente peligrosos'?
Hablamos de un país que permite llevar armas en todo momento y ocasión, con las consecuencias que todos conocemos, mientras siembra la desconfianza entre todos y en todas partes con la excusa de combatir el terrorismo, implantar la democracia y controlar un mundo que no quiere controles ni guerras ni cárceles secretas, ni abusos ilegales, ni gobiernos alienados que decidan sus vidas y sus muertes.
Usamérica parece diferente. Tiene leyes y costumbres difícilmente entendibles. ¿Quizá está habitada por alienígenas descerebrados? ¿Quizá hace muchos siglos que están entre nosotros o es que somos tan brutos e irracionales como parece?
martes, 26 de junio de 2007
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