martes, 29 de mayo de 2007

SOMOS DIFERENTES

Según ha reconocido la defensora polaca del menor -¿cuál?-, ha solicitado a un
grupo de psicólogos -de reconocido prestigio, como siempre- que analice si los
Teletubbies, serie infantil, poseen algún indicio de homosexualidad.



Esta noticia me produce hondo pesar, aunque reconozco que los citados Teletubbies siempre me parecieron patéticos y nada entretenidos. ¡Siento mucha pena por las inocentes criaturas obligadas a presenciar sus actuaciones! Una verdadera defensora del menor -¿el más bajito?- debería impedir que los niños estuvieran a merced de semejantes engendros en vez de preocuparse por su orientación sexual -inexistente, por otra parte-; pues, al fin y al cabo, estamos hablando de muñecos y, por tanto, no tienen más inclinaciones, pretensiones u opiniones que las que sus creadores hayan decidido.

Sin embargo, una mujer adulta -suponemos- está muy preocupada -siguiendo la línea de las Hermanas Kessler que gobiernan su país- por la inclinación sexual de un Teletubbie en concreto: el 'magnífico' Tinky Winky. ¿Y por qué? Porque lleva bolso y, por consiguiente, no puede ser un chico. ¡Un aplauso para una mente tan preclara como la de la señora Sowinska, la tenaz defensora del menor! ¿Cuál?

Siguiendo su razonamiento -o cretinismo irreversible-, podemos afirmar, por tanto, que todos aquellos hombres que lleven bolso, macutos, mochilas u otros objetos similares -entre los que me encuentro, a mi pesar- somos homosexuales y miembros de la cofradía de Tinky Winky; rosa, por supuesto. ¿Qué pensarán mis familiares, cuando conozcan mi inclinación? Aunque..., si dejo el bolso en mi domicilio y salgo a la calle sin él..., ¡seré nuevamente un hombre, un macho!... ¡Uf, estoy salvado!

Pero el pobre Tinky Winky no tiene esa posibilidad. Su creador decidió que llevase siempre ese maldito bolso que le hace diferente, raro, inclinado. Deberíamos condenar a ese maléfico ser que convirtió al pobre Tinky Winky en un paria, en un marginado, en un alegre; aunque sólo pretenda entretener con sus estúpidas canciones y movimientos ridículos a los menores, excepto a uno: ése que tanto preocupa a la señora Sowinska. Pues, en definitiva, la defensora polaca del menor -anónimo y desconocido, como el soldado- no puede defraudar a sus jefes binoculares -o gemelos- y debe acatar la política oficial que sospecha de las inclinaciones de todos los varones, incluido un muñeco usamericano con bolso que responde al grotesco nombre de Tinky Winky.

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